Está claro que comenzar a jugar una mano sabiendo que no ganaremos le quita parte de la diversión al juego. También es cierto que el poker es, en cierto modo, una especie de “lucha” entre el deseo de divertirnos y el de ganar dinero.
Podríamos arriesgarnos a decir que, muchas veces, el mal poker es más divertido que el buen poker. Hay excepciones, claro, pero ganar tiende a ser algo aburrido, especialmente si no implica ningún desafío. Por otro lado, si tenemos una mano no demasiado buena, pero logramos usar una estrategia que nos permita ganar, aún con menos probabilidades, el juego es más entretenido. Aunque puede terminar resultando costoso.
El poker siempre tiene algo de diversión. Incluso los jugadores profesionales, que juegan cada día y durante horas, lo consideran más divertido que otros trabajos. Pero la diversión no debe ser el fin en sí mismo: queremos ganar en el poker para ganar dinero, no para divertirnos más. Como en cualquier otro trabajo, debemos concentrarnos en hacerlo lo mejor que podamos, y no en divertirnos más cuando lo hacemos.
Si jugamos poker para ganar buen cantidad de dinero, ya sea como un trabajo full time o uno part time, no hay nada malo en esperar que sea más divertido que otros trabajos, pero sí es equivocado aproximarnos al poker profesional suponiendo que tendremos la diversión de nuestra vida.
Muchos jugadores aficionados se confunden con respecto a este tema, especialmente si se guían por los shows de poker en tv. En estos shows, si bien todos juegan para ganar dinero, el juego es más relajado que en cualquier torneo, hay más diversión, más bromas, menos tensión. De todos modos, una jugada que, a los ojos del público, puede resultar emocionante y con mucho suspenso, para esos jugadores que vemos en la mesa no es eso: es una jugada estratégica en la que cada uno tuvo que hacer sus cálculos matemáticos, lectura del rival, deducción del rango de manos… todo lo que no vemos, y no es tan divertido.
Esto es parte de lo que deberíamos considerar si en algún momento pensamos en pasar de jugar poker por afición a poker profesional. Tener una visión realista del poker, para que luego no resulte una carga difícil de llevar.